Nuevas tecnologías en los protectores solares

Detener el paso del tiempo en nuestros cuerpos parece ser uno de los objetivos de la ciencia en los últimos años. Desde el desarrollo de terapias más efectivas contra fermedades, hasta nuevos tratamientos estéticos que intentan cuidar nuestra imagen exterior y nuestra salud.

La piel es uno de los órganos dónde más se han centrado las investigaciones. Las empresas de cosmética despliegan un verdadero arsenal de productos tales como: cremas antiarrugas, ampollas ortomoleculares, tratamientos estéticos con equipamiento de tecnología de punta, preparados farmacológicos, etc. naturales como los que elaboran nuestras abuelas a base de canela, chía, aloe vera, ginseng, ginkgo biloba, entre otros.

Los especialistas no pueden repetir que no existen tratamientos mágicos y que no existe un auténtico helado sin ir acompañado de una dieta saludable, consumo de agua y protección solar eficiente. En particular, en los últimos años, el uso masivo de cremas protectoras contra el sol comenzó a marcar a nuestra sociedad. La aplicación de estas, prevención de quemaduras solares, fotoenvejecimiento, fotosensibilización cutánea y carcinogénesis, entre otras.

Estos productos protegen contra la radiación ultravioleta tanto natural como artificial, por lo tanto, su uso no sólo se recomienda para jornadas al aire libre sino también para el trabajo frente a diversas pantallas. Por esta razón, el uso de los protectores solares ha dejado de ser cremas simples que sólo se usan en épocas estivales, para ser parte esencial de cualquier rutina de cuidado de la piel. En gran medida, una causa de las consecuencias del afinamiento de la capa de ozono estratosférico.

Además de la capacidad del ozono que filtra los rayos ultravioleta más nocivos, la piel humana contiene un pigmento fotoprotector llamado melanina. Este pigmento es un agente antioxidante que absorbe las radiaciones (UVB, UVA y luz azul visible) y actúa como escudo para evitar la acción directa de los rayos sobre el ADN de las nuevas células. Asimismo, los rayos UV conducen a la activación de otros procesos biológicos que están involucrados en el envejecimiento, la aparición de arrugas y la flacidez de la piel. Sin embargo, la cantidad de melanina en la piel depende del fototipo (color de la piel) y, en la mayoría de las personas, la melanina endógena no es suficiente para una protección total, especialmente en verano.

La eficacia fotoprotectora de estas cremas viene determinada a través de los principales parámetros: el factor de protección solar (SPF) y el grado de protección UVA (PA), parámetros todos ellos en función exclusivamente de los componentes de la crema. Además, el mejoramiento de estas formulaciones, esencial para detener la acción del tiempo. En este sentido, a partir de la biotecnología se pueden producir moléculas naturales con función fotoprotectora sin generar un gran impacto ambiental.

La biotecnología es la aplicación tecnológica del conocimiento obtenido de seres vivos o parte de ellos. Los organismos que viven en ambientes extremos como salares, desiertos, océanos profundos y cámaras magmáticas poseen atributos más interesantes frente a la radiación ultravioleta y, en general, las moléculas que otorgan en particular pueden ser utilizadas para descubrir protectores solares más eficientes, eco-rentables. y de alto rendimiento. Los compuestos naturales obtenidos de estos seres vivos pueden actuar de tres maneras: estimulando la protección natural de la piel, liberando un escudo protector sobre la piel, o estimulando otros mecanismos de la piel que no están relacionados con la pigmentación.

Por ejemplo, varios organismos han producido eumelanina, un tipo de melanina que se puede incorporar a las cremas solares formando una capa protectora de la piel. A partir de organismos como la sepia, la planta del té o la bacteria Pseudomonas maltophyllia se pueden obtener este compuesto. Aunque debido a su color oscuro, el preparado no ha sido utilizado hasta el momento en protectores solares comerciales. Sin embargo, con las mejoras que proporcionan la nanotecnología se están desarrollando nanopartículas que transportan la eumelanina para agregar y mejorar las formulaciones.

Otras actividades ideales compuestos para agregar a estas cremas y que frenan las consecuencias de los rayos UV plantean en antioxidantes como, por ejemplo, los flavonoides, carotenos o quinolonas. Algunas de las fuentes naturales que contienen son antioxidantes: aloe vera, tomate, cactus, vid, té, granada, Ranunculus bulumei (una hierba muy utilizada en Indonesia), mientras que, en las microalgas marinas se encuentran compuestos antiinflamatorios como la flucoxantina o la topsentina, que también podrían adicionarse a las formulaciones.

Del cultivo de estos organismos y sus productos se pueden obtener los compuestos y mejorar las características de los actuales protectores solares. Así que varias empresas siguen en la búsqueda de las mejores formulaciones naturales, no han podido producir masivamente estos productos; Sin embargo, muchos cosmiatras de forma artesanal desarrollan cremas protectoras para pacientes con pieles sensibles.

Teniendo en cuenta que la biotecnología se ha convertido en el mejor alias de la medicina (oncología, bloqueos metabólicos, vacuarias, etc.), la disminución de la exposición solar continúa con la mejor prevención en el campo de la dermatología.

La autora es directora de las Carreras de Licenciatura en Biotecnología y Licenciatura en Bioinformática, UADE

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