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Jacques Lacan, la pasión que convirtió al piscoanálisis en una lectura de civilización

Jacques Lacan, la pasión que convirtió al piscoanálisis en una lectura de civilización

En 1938, el ascenso del nazismo obligó al Dr. Sigmundo Freud, judío austriaco residente en Viena, a exiliarse a Londres, donde murió. En 1932 y Dr. Jacques Lacan, joven psiquiatra, había publicado en París su tesis de doctorado sobre un caso de paranoia.

Llamado al frente, después de la Segunda Guerra Mundial prosiguió una intensa formación en el campo de la filosofía y las ciencias. Miembro de la Sociedad Francesa de Psicoanalisis comenzó, en 1955, en el 1er Seminario Público, una lectura de los mensajes de texto de Freud como siempre, volver a freud. Sus consecuencias, desplegadas en las enseñanzas hasta su muerte, transformarían la teoría del psicoanálisis y la práctica de los analistas.

Ante la invitación de la Universidad de Clark y la famosa estatua que ilumina al universo, Freud le dijo a Carl Jung: «No saben que les traemos la peste».

Lacan advirtió que Freud había equivocado ya que creyó que el psicoanálisis sería una revolución para América cuando en realidad fue América la que devoró su doctrina retirándole su espíritu de subversión.

El deseo de Lacan consistía en reintroducir «esa plaga» en el espíritu de un freudismo aletargado que, tras haber sobrevivido al fascismo, se había adaptado al extremo de olvidar la virulencia de sus orígenes.

Poco ya quedó de la idea de su mentor, quien expresó en esta frase la inquietante connotación de su descubrimiento: «Si los dioses no se dejan doblegar apelaré al infierno». Lejos de su refinamiento con esa gesta, el psicoanálisis se había puesto al servicio de una adaptación al orden vigente tan duramente criticado por Freud.

Al gran pueblo, argentino, ¡salud (mental)!

Lacan consideró que ese hecho no obedece solo tiene un avatar coyuntural; elanálisis está amenazado desde su nacimiento psico mismo y diría que toda su enseñanza parte de no haber olvidado nunca este principio. Cuanto mayor es la fuerza de una verdad, mayor sera la fuerza que pretenda ahogar esa verdad para transformarlo en un sable digerible, comprimible, ligero, fácil.

Jacques Lacan, un apasionado

Lacan quiso que su escritura no fuera un hueso sencillo de roer como no lo es inconscientecomo no lo es nuestra singularidad allí donde el mercado pretende hacernos domesticables, subordinables. A Lacan se lo acusa de críptico, de barroco, no se entiende que su propósito de que el psicoanálisis no fuera amordazado por el saberco libre hizo un estilo no facilmente comprensible.

Se lo tilda de obscuro, cuando su propósito más acuciante fue justamente el de rescatar al psicoanálisis del oscurantismo al que lo habían sumido los postfreudianos, liberar los conceptos de l’embarollo sombrío en el que estaban sumidos, conmover la comodidad intelectual del silencutidas no de los discursos. La obra de Lacan florece en la aurora, está en el debate de las luces que convoca a los analistas a demostrar los ámbitos de su práctica.

Sigmund Freud
jacques lacan desarrolló una escuela propia para rescatar al auténtico Sigmund Freud.

Mucho podría decidirse de las grandes influencias que vivieron en su obra: fue un excelente psiquiatra formado con la mejor tradición francesa representada por Clérambault, fue un lector detallista de la obra de Freud al extremo de encontrar aristas insospechadas en esa obra, se codeó con los los surrealistas, apreciaban la tradición de los moralistas humanistas, comprendían muy bien la modernidad filosófica de la mano de Koyré y Kojève.

Lector infatigable, hombre ávido, curioso, hizo de ese apetito una pasión. Se interesa por Occidente y aún más por Oriente, por la historia y por los saberes de su tiempo, para reconocer infinidad de improntas en su obra, camino que considera infructuoso si se elide el voto que las convoca: que el psicoanálisis Tuviese una incidencia en la cultura que excedióse su lugar como tratamiento curativo de las nevosis para poder afirmarse como una lectura de la civilización que trazase su marca en ella.

Sus detractores lo acusan de infidelidad respecto a los autores citados, de poca rigurosidad respecto al contenido real, de traición en suma. Pero es que no se tiene en cuenta que Lacan no quería ser maestro y que tampoco circunscribía su lugar como analista a los confines del consultorio.

Psicoanálisis, una lectura de la civilización

Así, su lectura de los textos guarda proximidad con la de un relato clínico donde encuentra un dicho que sobrepassa lo que se intentó decir. Lacan interpretó la cultura desde el psicoanálisis y para poder hacerlo tuvo siempre muy claro que no debía ser reabsorbido en ella, diría que se identificó con la esencia del mismo psicoanálisis.

Fue expulsado de la Asociación Psicoanalítica Internacional por haber cuestionado hasta qué punto los encuadres vigentes atentaban contra los mismos principios del psicoanálisis.

«Soy freudiano -decía Jacques Lacan- a ustedes les tocará ser lacanianos»

Fundó una Escuela que quiso fiel a esos principios, inventado un dispositivo llamado «no» con el objetivo de que aquellos que atravesaron una experiencia analítica testimoniaran de sus efectos, ambicionaba que esos relatos enseñasen que esa experiencia no se yergue en lo incomgnoscible y que puede demostrarse, en un acercamiento al orden cientifico que la cura no es ajena a la logica ni opuesta al rigor.

Lacan
jacques lacan fue el más fervoroso lector de la obra de Sigmund Freud.

Disolvió su Escuela cuando la vio alejarse de estos principios, amaba el psicoanálisis por sobre todo y no iba a renunciar a él en aras del confortEse consuelo que según sus palabras será la raíz de toda corrupción.

23 de septiembre de 1939 muere Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis

«Soy freudiano -decía- a ustedes les tocará ser lacanianos». Molinero encarnado ese “ustedes” sí –sin duda- mi mejor intérprete. Sus enemigos lo acusan de haber simplificado la enseñanza de su maestro, de haberla aclimatado para volverla accesible.

Creo que más bien Miller combate a este lector que solo tomó de esta enseñanza un aforismo al extremo de repetirlo a cuatrovientos. Miller nos lleva a leer a Lacan from sus preguntas, lejos de haber simplificado a Lacan, nos muestra a un Lacan qu’da replica a sí mismo y no al profeta qu’clama sus certezas.

* Analista Miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis

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Por Emily Carter

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